Precipicio

Yo estuve ahí esa misma noche y mientras avanzaba miré tres veces hacia atrás, sólo para asegurarme de que el camino aún seguía ahí, en el mismo lugar. Cuando ya no podía ver más el punto de partida hice un pozo en la arena lo más profundo que pude sólo para dejar una marca de mi paso por si tenía que volver. Aún no sabía dónde me dirigía, sólo seguía un camino que pronto se había convertido en un extenso puente. Allí había mucha gente y yo caminé junto a ellos. Cuando subí al puente me asomé a uno de sus lados y descubrí que abajo sólo había un gran abismo.

El tiempo no se detenía, habían pasado varios días desde que me había subido al puente. Cada vez faltaba menos para llegar y todavía no sabía dónde me dirigía. Entonces una pregunta golpeó con fuerza en mi pensamiento, una gran voz me preguntó:

—¿Dónde te diriges, joven?

—No lo sé, tal vez tú lo sepas.

—Claro que lo sé, repites lo que hacen los demás, creyendo que es el único camino.

Después de eso la gran voz desapareció y pasó un largo tiempo en el que traté de explicarme qué había querido decirme. El tiempo había pasado muy rápidamente, y en aquél camino había visto el mal. Algunos de los que iban junto a mí querían llegar lo antes posible al final, por lo que no tenían miramientos de hacer lo que fuera por llegar; incluso tirar a quienes se interpusieran en sus caminos. Por eso comencé a caminar con mucho cuidado, mientras el camino comenzaba a desencantarme.

De pronto me sobrecogió la emoción, parecía que había llegado al final del puente, pero al instante ese sentimiento se convirtió en una inmensa interrogación, ya que no estaba satisfecho con el camino recorrido; sentía que aún me faltaba algo.

Los que venían conmigo empujaban a los de adelante que por alguna razón querían regresar. Se había armado una gran disputa entre los que querían avanzar y los que querían regresar. Frené a uno de los que regresaban y me explicó:

—Mira, aunque no nos creas, no avances más porque más allá del puente no hay nada y los que llegan al final están cayendo al vacío.

Entonces, las respuestas llegaron a mi, caí que yo era uno más del montón, me aferré a las palabras de aquella voz y sin pensarlo dos veces di la vuelta y empecé a caminar en sentido contrario. Regresé por el mismo camino y no me detuve. Mientras iba caminando iba recordando. Al tiempo me bajé del puente pasé por la playa; el pozo que había hecho en la arena ya se había tapado por las olas del mar.

Y esa misma noche, antes de llegar, miré tres veces hacia atrás sólo para asegurarme de que el camino aún seguía ahí en el mismo lugar.


Licencia Creative Commons
“Precipicio” por Sebastián Colotto se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.


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