Hoy es la víspera

Primero sos raíz con promesa. Y la promesa es una verdad. Es una misión que se va a realizar cueste lo que cueste. Porque el que prometió no miente.

Después sos tallo verde que crece con pequeña hoja. Después las hojas pequeñas son más. Eso te da seguridad porque todo marcha bien. Pero también te da ansiedad porque aún falta tanto.

Más adelante sos un tallo más ancho con ojas verdes más grandes. Y la raíz gana terreno debajo porque la tierra es buena. Y eso es una señal que podrías tomar para saber que todo va a salir bien. Que la promesa se va a cumplir. Pero todavía hay que extenderse mucho más.

Sólo sos una tallo verde.

Pasa un poco más de tiempo y tu ojo se empieza a asomar entre los pétalos pegados. Es un pimpollo verde y cerrado. Pero lleno de color y perfume.

La savia que recorre todo tu ser desde la raíz ahora empuja con fuerza. Estás en cierne.

Hoy es la víspera.

Después, a finales de Marzo los pétalos comienzan a abrirse tímidamente hasta el primero de Abril cuando estás por primera vez en tu esplendor.

Cuando no había más que esperar y se caía de maduro que irreversiblemente la promesa se iba a cumplir.

Bienvenido.

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La Memoria (es un pedazo de viento)

Mira hacia atrás

Entiende bien

Comprende

Ve el entorno

Piensa en más atrás

En lo infinito

Aunque no lo alcances

Sostén el concepto

Míralo

Obsérvalo

Detente en cada cosa

Si pudieras

Aunque no puedas nombrarlas

Aunque no las conozcas

Todas confluyeron en éste instante

Llegaron al presente

En este mismo instante

Déjalo ir

Viaja con él en su impulso

Piensas que estás quieto

Pero eres una esquirla de granada

Y la granada es el Universo

El espacio es tiempo

Ya no puedes controlarlo

Eres el instante analizado

Que se diluye

Se disuelve

Porque es tiempo

Toma caminos involuntarios

Te lleva como el viento

Eres el viento

Como una ola del mar

Eres el mar

Un grano de arena sin nombre

Sin numerar

Tu instante ya no es tuyo

Pertenece al Todo

Pertenece a otro instante

También será olvidado

Como los recuerdos

Aunque los recuerdos no son cosas

Sino ausencias

Pronto también se desvanecerán

Y serán reemplazados por otros

Como todas las cosas

Así es la memoria

Nunca se queda quieta

Es un pedazo de viento

En la puerta de la somnolencia

Cuando me estoy durmiendo trato de mantener la conciencia.

Todas las noches pasa lo mismo.

Me quedo en la puerta, pero no me dejan pasar.

Siempre trato de convencerlos para pasar igual.

Pero nada.

Pienso que podría abandonar la conciencia un poquito.

Podría dejarla en la puerta y después la vuelvo a buscar.

O que tal vez podría dejarla atada de un hilo.

Porque no te dejan pasar con la conciencia.

 

Entonces entro resignado.

Porque no te dan mucho tiempo.

No me queda más que abandonar la conciencia.

 

Casi nunca me acuerdo que estoy soñando.

A veces, más o menos me doy cuenta y anoto algunas cosas.

Como si al despertar pudiera leerlas.

Pero es como escribir en el aire.

 

Hay que tener cuidado de no darse cuenta.

Porque ahí no te dejan tener conciencia.

Si te descubren te echan enseguida.

A veces no se dan cuenta por un rato y yo aprovecho.

Pero es muy de vez en cuando.

 

Me gustaría poder esconderme.

Pero el guardián del sueño, es el mismo sueño.

O sea: todo es sueño ahí, hasta yo mismo.

Por eso no me puedo esconder.

No vale. A mí me gustaría tener conciencia cuando estoy allá.

Como cuando estoy acá.

No te dejan “hacer la tuya”.

 

Entonces ando así toda la noche.

Según el entorno, son las circunstancias.

Según las circunstancias, mi comportamiento.

Escenas y paisajes pasan.

No se cuántas cosas no recordadas pasan.

Hasta que llego a alguna parte.

Encuentro un hilo y empiezo a tirar de él.

Cuando llego al final recupero la conciencia.

Comienzo a despertar lentamente.

 

Siempre es igual.

Trato de quedarme ahí, en el último tramo de hilo.

–Vamos, vamos –me dice el sueño.

–Ya va, ya va –contesto somnoliento.

Entonces, cuando abro los ojos digo:

–Mañana voy a seguir insistiendo.

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En el principio, la Luz

En el principio el universo es pequeño.

Un campo de luz circunda al niño en la matriz de su madre.

Luego nace expuesto a la negrura de la noche. 

Limita el horizonte cada día y se duerme. 

Las sombras lo miran.

Quieren tenerlo.

Un ángel lo cuida; le hace una promesa:

–La noche es larga, pero todo pasa.

Despierta y se olvida.

Hace tiempo amaneció, pero él aún no lo sabe.

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Ahora voy a escribir

Ahora voy a escribir esta poesía.

Creo que el momento es propicio.

Ahora que éste no se qué, no sé de dónde.

La calma se propaga en mi alma.

Un chorro de calma se derrama.

 

Y ahora estoy pensando.

Viendo mis pensamientos, diría.

Palpando sentimientos.

Saboreando emociones, que no sé de dónde, no sé por qué.

Como agua descendiendo por el cuerpo.

Como río fluyendo.

Suave brisa que viene, no sé de dónde, no sé por qué.

Pero llega.

 

¿Cómo es que uno pasa por varios estados?

¿Uno decide cómo y cuándo?

Más bien viene, por algo.

No sé por qué.

Como las estaciones.

Como los paisajes varían en el camino.

 

Creo que voy a describir esta sensación.

En unos trazos.

Tal vez mejor en unos versos.

Algunas líneas.

 

Símbolos de esta cosa:

Una ausencia.

Un perfume.

Un sabor.

Melodía.

Resplandor.

Una sombra.

Pero ¿cómo se describe todo esto?

 

Sin duda algo se:

Sólo hay indicios esta noche.

Larga noche, por cierto.

 

Creo que sí entonces:

Voy a escribir esta poesía.

Es el momento adecuado.

 

Cuando la tenga la voy a firmar así:

Sebastián Colotto, miércoles 29 de enero de 2014 (calendario solar), 00:33 am.

 

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Pasemos al otro lado

¡Ahí! ¿Lo ves?

Es el último pico de la montaña.

¿Viste?

El último tramo de desierto.

Después de tanto tiempo.

Tantos escalones…

¡Cómo es, eh! Qué bello.

Un nuevo nivel.

Nuevo tiempo.

Pero todavía no.

Todavía falta un poco.

¡Vamos, no te quedes!

Dicen que la tierra es preciosa.

Cosecharemos.

Levantaremos el grano.

Llevaremos nuestra ofrenda al Señor.

¡Pero hay que seguir luchando!

Nuestros ojos verán al Creador.

¡Vamos, pasemos al otro lado!

Nuestros ojos lo verán.

Pasemos al otro lado.

Y descansaremos para seguir andando.

¡Vamos!

 

 

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Canción del desierto

Yo me uno a la melodía eterna de los profetas.

Esa que cantaron en soledad.

Que se quebró en el viento.

Pero rasgó el tiempo.

Ahí me uno.

Canto esa canción.

La canción del desierto.

La que hace temblar las piedras alrededor.

Pero que nunca nadie escuchó.

Sólo Dios, el profeta y yo.

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Pedazos de un sueño

Primero, creo que cantaba en algún lugar.

Después, entré a un teatro.

Me senté con mi amigo.

Alguien cantaba.

Cantaba muy bien.

Pero premiaron al que no lo merecía.

Me indigné.

Mi amigo me dijo que era lógico.

Me indigné más.

Después vino una niña que pedía monedas.

Mi amigo le dio golosinas.

Yo tenía caramelos, pero no le quise dar.

Ella nos contó que su madre había muerto.

Su hermano estuvo enfermo, pero ya se había curado.

Después nos fuimos.

Quisimos averiguar de la niña.

Yo quería darle los caramelos.

Lo vimos a su padre escribirle una nota para pedir.

No quise averiguar más.

Lloré por la pobreza.

Después nos encontramos con otros amigos.

Uno me preguntó si estaba llorando.

Le dije que no.

Llegamos a una casa antigua.

Mi amigo se fue a buscar algo.

No volvía.

Nos quedamos dormidos.

Me desperté escuchando una canción.

Era un blues.

Miré por la ventana.

Una mujer hermosa la escuchaba.

Ella estaba en la vereda de enfrente.

Yo no tenía la llave para salir.

Los demás seguían durmiendo.

Tenía hambre.

Me quedaban dos caramelos.

No sabía cuándo me había comido los otros.

Después vino mi amigo.

A mi me había crecido el pelo hasta los hombros.

Me quedaba bien, pero me sentía incómodo.

Mi amigo me dijo que se había perdido, por eso tardó.

Él también tenía hambre.

Estábamos por preparar comida.

Yo quería mirar por la ventana.

Desperté.

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Pedazos de un sueñoSebastián Colotto se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

El Cerco y la Nada

Estamos los dos en la misma celda

Él está suelto y yo atada.

Él es algo y por eso no puede escaparse de ser un signo.

En cambio yo no soy ni siquiera nada

No existo [Le gustaría], pero tampoco puedo evitar ser un signo

No podría haber escrito esto si no me hubiera hecho existir

Él me arrastró hasta este lugar

Soy la Nada [¿Eso es un oxímoron?]

Sólo existo como tal cuando él no piensa en mí

Me tiene atada pero ya no soy nada

Me hace existir

Pienso [Si pensara] que el Hombre es como un eterno Adán

Limitado a nombrar cosas

Capaz de ver formas y diferenciarlas de otras

Una piedra, una raya, amor, calor

¿Pero dónde está ese mundo que describe?

Él está encerrado en el mundo

Ve el cerco y lo atraviesa

Pero vuelve al principio

No sale nunca del mundo

El mundo está encerrado en él, que está encerrado en el mundo

Pensó verme después del cerco

Luego pensó en mí

Me puso nombre

Pero no me siento cómoda en este lugar

No soy de acá

No soy

Esta es la tarea del Hombre [Porque no le queda más]

Nombrar

Tomar la parte por el todo

Porque jamás podrá tomar el Todo estando en el mundo

Jamás podrá tomar el mundo por el Todo

 

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El Cerco y la Nada Sebastián Colotto se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

Pelear contra tornados

Soy un hombre que pelea contra los tornados.

Que es llevado de tornado en tornado peleando.

Que está acostumbrado a pelear en los tornados.

Pero que no puede jactarse de sus luchas.

Porque la vida no está en los tornados.

Ni en la vanidad de las luchas.

En verdad, no soy más que un hombre que pelea con los tornados.

Pero que nunca peleó para salirse de ellos.

No puedo jactarme de haber peleado por escaparme, no pude hacerlo.

(Esta lucha es pura vanidad).

Ni siquiera podría jactarme de haberme escapado.

Ya que nunca debí haber entrado.

Crecí en los tornados.

Aprendí como pensar dentro de los tornados.

Me torné y me trastornaron; disipé tornados.

A algunos los hice huir; otros me arrastraron y me llevaron a otros tornados.

Aprendí a comer, beber, sonreír en medio del tornado, pese a los tornados.

(También pude reflexionar esto que escribo en un tornado)

Pude acostumbrarme a vivir así…

¿Esperando qué?

¿Qué algún día se terminen los tornados?

¿O será que no quiero salirme por miedo de descubrir que todas las luchas,

y todos los tornados, y todo el acostumbrarme a vivir así en realidad fue en vano?

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Pelear contra tornados por Sebastian A. Colotto se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

En la orilla

Ahora me encuentro a la orilla del mar del pensamiento, viendo cómo las olas arrastran las ideas que parecen pelear por salirse del agua. Las veo rodar hacia fuera impulsadas por las ondas que al retirarse se las vuelven a llevar. Pero algunas quedan encalladas. Cada una tiene un brillo especial, envueltas por un aura que las hace únicas. Entonces me acerco y tomo una. Es más compleja de lo que parece a simple vista. La miro con detenimiento y descubro que es como un mundo. Me gusta, me asombra, la guardo para estudiarla después. Mientras el agua acaricia mis pies y veo el paisaje pienso que podría quedarme horas, pero la noche se asoma y me empuja hacia otro lugar.

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“En la orilla” por Sebastián Colotto se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

Tengo Sed (Sed de Ver)

Veo en el cielo una nube prendiéndose fuego.

Levanto mi brazo, doy gracias a Dios.

Soy el testigo de un espléndido paisaje.

¿Soy el único que lo ve?

¿Soy el único testigo?

Soy uno con él mientras lo veo.

Imponente visión.

Sentimiento de controversia.

Es el atardecer el milagro de un perfecto pintor.

Es la canalización del sol.

La desembocadura del día.

El mensaje de una profecía. 

Es el final del camino.

Suena como se ve.

Perfecta melodía.

Observo el atardecer.

Tengo sed.

Sed de ver.

Veo y puedo percibir el paso del tiempo.

Veo el atardecer como en eco.

Como la resonancia de otros atardeceres.

No hay indicios de tormenta.

Se van el día y su victoria.

Me vuelvo a casa.

No sé si es un sueño.

No sé si es real.

Pero no importa porque igual lo estoy viendo.

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Tengo Sed (Sed de Ver) por Sebastián Colotto se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

Resplandor del espíritu

I

 

Irradian luz y sombra los caminos de la mente

Donde la realidad se torna de otras formas

Donde la realidad es vivida de otros modos

Ahí confluyen fantasmas e historias de amor

Ahí un sueño es la verdad, y cobra existencia en sí mismo.

Ahí están los resplandores, las imágenes bellas y monstruosas

Ahí se encuentran refugiados a los lados del camino

Duendes, espíritus, días y noches

Bruma y espesa neblina.

 

Pero acá es donde se interpreta la realidad real

En este mundo irreal de imágenes difusas

Que a veces cobran vida

A veces matan.

 

Acá puedo ver tus ojos entre los árboles del bosque

Acá puedo ver tu rostro y su expresión

Aunque no te conozca puedo ver

También el bosque que veo es irreal.

 

Irradia por estos caminos la luz que me permite ver

Puedo ver en los caminos cosas que jamás imaginé que imaginaría

Me sorprendo a mi mismo de lo que puedo ver

Puedo dibujar lo que veo pero no es lo mismo, no es igual.

 

Veo una imagen que es igual a un sentimiento

Son lo mismo, corresponden, son uno los dos

Veo un paisaje que siento conocido, pero nunca estuve ahí.

-¿Por qué puedo ver, por qué puedo verlo?-

 

Veo un país que soy yo

Veo un árbol y una rama

Un pájaro en su nido

Y una lluvia que nos moja a todos por igual.

 

Veo un sol y un jardín

Veo una verde llanura

Siento lo que no veo

A veces puedo ver sin sentir.

 

Yo siempre estoy acá

Nunca falté en ninguna visión, en ningún pensamiento

Siempre veo en primera persona lo que puedo ver

Nunca fui otro bajo este cielo azul, de noche fría.

 

Lo real y lo irreal

Lo verdadero y lo falso

Lo concreto y lo abstracto

Pierden sentido sobre este terreno

Pierden terreno. Acá no hay más lugar, todo es real en sí mismo.

 

 

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Resplandor del espíritu por Sebastián Colotto se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

Precipicio

 

Yo estuve ahí ese mismo día

cuando los pájaros volvían a sus nidos

y yo me disponía a caminar.

Entonces el tiempo me empezó a contar. 

Ese mismo día estuve ahí,

Y después de salir miré tres veces hacia atrás,

sólo para asegurarme que el camino seguía ahí

en el mismo lugar. 

Una respuesta me surgió.

Pero sin preguntar:

-Veo la tormenta venir.

Vendrán días difíciles de superar-

 Pasé por la playa.

Hice un pozo en la arena lo más profundo que pude.

Quería dejar una huella de mí pasar.

El pasado venía atrás.

 A lo lejos un puente.

Una oportunidad.

Agolpada la gente subía.

Y yo corrí con ellos.

 Transitar.

Caminé hasta olvidar.

-¿Para qué estoy acá?-

Los de adelante y los de atrás, todos igual.

 Pasaba el tiempo.

Segundos, días, años como si nada.

Correr, descansar, caminar.

Aunque sea intentar llegar.

 …De pronto el final.

-¿Un precipicio?-

El abismo se levantó.

La nada me estaba por tragar.

 Se desató la tormenta.

Me empujó la tempestad

Y un resplandor me animó

Entonces empecé a volar.

 Escapé.

No sabía que podía.

Otros pájaros me seguían.

No quedaba más que regresar.

 Volví por el mismo camino.

El pozo se había tapado

a causa de las olas del mar.

Busqué el nido con los demás.

 Y yo… yo estuve ahí ese mismo día.

Y antes de llegar

Miré tres veces hacia atrás

Sólo para asegurarme que el camino seguía ahí

En el mismo lugar.

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